OCASO

Y cuando la noche caiga

para que el cielo arda,

mis cenizas

            desparramadas al vientos

volaran en los lugares

donde habité la vida

 

MISTERIO

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Y como saberlo…Si nunca sé cuando soy yo o el otro. Somos tan distintos, pero nos parecemos tanto. Ni siquiera cuando nos confundimos en la sonrisa o en el llanto. Ni cuando elevamos el alma encendida por un amor fugaz o cuando nos sumergimos en el profundo abismo de una frustración.

Andamos cargándonos mutuamente por la vida, sosteniéndonos como ebrios perdidos en la niebla.

A veces bailando desnudos bajo el sol, absorbiendo  la simiente profunda de la tierra en nuestros pies, o esperando que la lluvia generosa nos depure de nuestros pecados cotidianos.

Y como saberlo…yo un profesor retirado, de fugaces visitas a limitadas bibliotecas de provincias, de escasas lecturas.

Y como saberlo …yo si Jorge Luis no pudo descifrarlo, aquella tarde  sentado frente a un gélido lago en Cambridge.

Por eso esta tarde en que me demandas una respuesta y me sumo en los laberintos de mis cavilaciones, concluyo que no puedo sino dejarte lo que ya tienes, el misterio.

   

                                                         Abril, de 2010

 

 

LA ULTIMA APUESTA

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LA ÚLTIMA APUESTA

 

 

He quemado mil noches

y muchas madrugadas,

en partidas vanas,

donde el azar del juego

me ha dispensado

muy dispares suertes.

Jugador experto,

le trampee a la vida

buscando el momento

en que la baraja ,

me asigne los ases

del triunfo postrero.

Fue quizás por eso

que tomé la chance

de jugarme entero

en esta partida.

Calculé mis tantos.

Semblantee tus naipes.

Y esta vez sin trampas.

con el corazón en mano,

me he jugado el resto.

Esperaba un “QUIERO”.

Pero entornando el rostro

y con tono seco y un hilo de voz.

dijiste temblando: ME QUEDO CON ÉL.

Estrujé mis cartas.

las volqué en la mesa,

y casi sin fuerza

me alejé de vos.

 

                                                      Enero de 2010

 

Por todas mis muertes

 

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He muerto otra vez,

de una puñalada artera

en el centro mismo de mi  frágil alma,

y como a cada una de mis tristes muertes,

 

inexorablemente, 

 

                             sobreviviré.

 

Bañaré mi cuerpo,

rasuraré mi barba,

peinaré mis escasos cabellos encanecidos,

 vestiré  mi mejor camisa,

y saldré a pasear esta ciudad

 indiferente, que deambulo

 

con mi desolación a cuestas.

 

En alguna esquina sonreiré a un niño,

en otra,alguien que quizás conozco

 

me agitará su mano.

 

Mantendré una intrascendente charla con el mozo

que me sirve un café sin azúcar.

y dejaré consumirse el cigarrillo entre mis dedos.

Con no poco esfuerzo

disimularé  ante la gente

mis muertes cotidianas,

con este corazón que late empecinado,

con esta memoria que me tamborillea antiguas obstinaciones,

con este dejarme ir

tan lentamente

                                hacia el ocaso

 

 

 

Diciembre de 2009

 

 

 

 

 

SERAFINA

 

 

 

      Creo que fue para mi cumpleaños veintitanto, cuando mi sobrina Alicia -por entonces una adolescente- me la presentó. La recibí con alegría, pues venía de mi primera sobrina, a la que acuné y pasee en sus primeros años (era jodida la chinita).

     Su estampa me resultó un esperpento, sus piernas extremadamente largas, carente de cuerpo, de formas; la cabeza desproporcionada lucía una estrafalaria melena roja, ojos saltones, enormes, parecían estar sorprendiéndose a cada instante y para acentuar su aspecto ridículo, una nariz prominente, como un puntero que señalaba inquisitoriamente a quien la mirase.

     Joven, como lo era en ese tiempo, la acepté con la displicencia propia de aquellos años.

     Se instaló en un rincón de mi habitación de soltero. Pronto –supuse- dejaría de tenerla en cuenta. Pero ella discreta y callada, permanecía ahí, como controlando la disipada vida que llevaba por aquel entonces.

     No recuerdo en qué momento –quizás en alguno de fragilidad de los tantos que pasé en mi vida- comencé a hacerle silenciosas confidencias. Me pareció que le agradaba enterarse de algunos deslices y vicisitudes de mi vida. Poco a poco se fue convirtiendo en una imprescindible interlocutora, omnipresente en la intimidad de mi cuarto.

    Cuando los avatares de la suerte me llevaron a Ledesma, allí fue conmigo, cohabitando en cuanto lugar residiera.

     Compartimos, solos, aquella noche de una feroz tormenta estival, cuando di mi último exámen para obtener mi título. Juntos lloramos sin lágrimas y en silencio la partida de mis seres queridos.

     Y sus ojos parecían más grandes y alegres cuando gané las elecciones para el cargo de vocal de Junta, que me trajo a San Salvador de Jujuy. Por supuesto vino conmigo, ahí está siempre presente conviviendo esta orfandad de soltería.

    Ahora, te la presento: ¡SERAFINA!, la mascota que comparte mi vida

 

 

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P/d :Perdio la nariz  en un desgraciado accidente. Nunca se quiso hacer cirugía-

                                                               Noviembre de 2009

     

 

 

Espero curarme de tí

 

 

 

  

 

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Espero curarme de ti,

en unos días,

en silencio y soledad.

Antes que tu indiferencia me quite la calma,

antes que tu ausencia me sume en la angustia.

antes que mis ojos se nublen de lágrimas,

antes que mi alma se cubra de sombras.

Y ruede profundo

al inescrutable abismo

                  de  mis orfandades.

 

                                               Noviembre de 2009

POEMA

 

 

 

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Para Cris

 

Llegaste a mí, con las últimas rosas de primavera,

Para perfumar el  otoño de mis días

Impregnando de aromas y colores

La gris monotonía de mi vida.

No sé qué tiempo estarás conmigo.

Quizás partas hoy mismo y me dejes.

No importa ya,

He besado tus ojos y tu frente

Y para siempre estaré en tus pupilas

 

                                                                           Noviembre de 2009

 

Gheràrd

 

Alguna noche de frustración e insomnio

 

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He imaginado el momento de tu visita, de un abrazo que no culmine, de la sustancia de tus besos, de aquel momento en que el amor se vuelva real, he querido crecer con el amor de tus palabras, con las caricias de tu manos, con el amor de cada noche e imaginarme haciéndote el amor con las ganas de nuestro corazón, he imaginado querer amarte.

He imaginado volar lejos con tus caricias, conquistar tus sonrisa en un solo mirar; tratar tu piel con mis besos  y acariciar aquel noble corazón hasta que sientas que te aman. He imaginado un día dejar de escribir para poder decir que estoy amando, he imaginado dejar correr los días pensando en ti, llamarte cuando duermes pidiéndote hacer el amor, he querido tan sólo tenerte aún sin  verte.

He imaginado el momento que me cuides cuando me sienta solo, cuando anhelo tu aliento, y quizás creer que aun sigues aquí. Te admiro sin verte, porque sé que me pertenecerás y aun no te veo; imagino que irás por el mundo entero,  buscarás mi alma y velarás mis noches como yo a ti.

 Quizás ahora no estamos listos, pero sé que estaremos juntos el día que nos queramos; ahí estaremos hasta que Dios quiera, solo me queda por hoy imaginar tus caricias y dejarnos amar por aquellos desconocidos que aun no nos aman.

                                           Octubre de 2009

 

Y ME HICE A LA MAR

                                                                                   ¡

                                                                                                                                                                                                                        

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                                                                                                                              ¿Por qué os dejé para encerrar mi vida

                                                                                                                                                           En la estrecha ciudad  

                                                                                                                                             Para arrojar mi corazón de niño

                                                                                                                                          De  las pasiones, en el turbio mar!

 

                                                                                                                                                                 Rafael Obligado

                                                                                   

     La fecha me resulta imprecisa como las causas que decidieron mi partida del hogar. Fue casi al final del verano del 59, pronto comenzarían las clases y yo tenía que cursar el cuarto año en el Colegio Nacional. Mis estudios marchaban muy bien, era un alumno destacado, y no digo sobresaliente para no caer en inmodestia. Contaba con el cobijo y el amor  de mis padres  y hermanos; y hasta con el cariño cómplice de mi tía y de mi abuela.

 

    Pero esas amarras no resultaron suficientemente fuertes para sofocar la seducción de Poseidón, y ME HICE A LA MAR!, sin brújula, ni cartas náuticas, ni astrolabio , ni sextante. Levé anclas y desplegué el velamen confiando que los vientos fueran propicios.

 

    No recuerdo que haya habido un momento de despedida, y si la hubo, por algún motivo que ignoro se ha borrado de mi memoria.

 

    Llegué a Buenos Aires cargando una maleta de cartón, con unas pocas ropas,  muchas  ilusiones y la insensatez de mis quince años. Recalé en una pensión de Constitución, frente a la estación San José de la línea de subte que iba de Constitución a Boedo.

 

    Buenos Aires por aquellos tiempos era una ciudad que conservaba los caracteres de la Gran Aldea que había sido a principios de siglo pasado: las calles empedradas, los  tranvías, las recovas de Paseo Colón y de Alem, los conventillos y cantinas de la Boca, el señorío de la Avda. de Mayo, una 9 de Julio que todavía no era autopista, y "gallegos" muchos gallegos y "tanos" por todas partes, y provincianos en busca de un destino. En realidad creo que los porteños eran minoría, y lo siguen siendo.

 

    Al principio no me atrevía más allá de unas pocas cuadras alrededor de la pensión. Comencé a trabajar en las oficinas de una empresa constructora (de tanos) y con una guía  Peuser en el bolsillo aprendí a manejarme por la ciudad a dondequiera que me mandaran. Duré poco en esa oficina, a los dos meses conseguí trabajo en Grimoldi (también llena de tanos: Aieta, Curarero, Ferraro,Tasso).

 

    Pronto conocería a Remigio, apenas dos años mayor, pero asiduo navegante de la nocturnidad porteña. Con él me inicié en el derrotero de los bares, casas de música –donde nos amarrábamos horas-  para escuchar a Billy Cafaro, Baby Bell, Rosamel Araya, Luisito Aguilé, y otros cantantes que comenzaban a surgir por entonces.-

 

   Girábamos la noche encontrándonos con otros náufragos con quienes compartíamos ocasionalmente algún cigarrillo, quizás una  gaseosa y si daba el bolsillo, alguna copa (cuba libre, cubano seco o alexandre;  el whisky, el vodka y la cerveza tan populares hoy, no se encontraban en las preferencias de los jóvenes de esa época).

 

   Recalábamos temprano en Lavalle (por entonces la calle de los cines), generalmente frente a la disquería Max Glucman, y frecuentábamos el  Italcafé donde había uno de esos viejos tocadiscos a moneda. Más tarde derivábamos por Florida hacia Santa Fe, previa parada en el Augusto o en La Opera de Santa Fe. Otras veces lo hacíamos por Corrientes hasta Callao para regresar por Santa Fe.

 

    En ese deambular sin rumbo se nos incorporó un joven muy atildado que estaba relacionado con las representaciones de artistas: era nuestro proveedor de entradas de favor para cines y teatros. Otras, nos buscaba para poder llenar alguna sala en representaciones que no funcionaban muy bien. Muchos años después lo encontré en un programa retro de Pipo Mancera, haciendo de movilero desde España. Supe así que se apellidaba Ferrer.

 

   De Remigio, a pesar de que conocía a su madre y sus hermanos y visitaba su casa, nunca supe su apellido, como tampoco el de los otros náufragos. Solo el nombre de pila, a veces el sobrenombre, y quien sabe si  eran los verdaderos. Vaya a saber en qué recodo de la noche lo perdí a Remigio, tampoco sé cuándo.

 

    Algunos pertenecían a clubes de fans y por ahí teníamos la posibilidad de ir a algunos estrenos. Recuerdo alguna premiere con Graciela Borges, otra con Alfredo Alcón (creo que el Guapo del 900), una función homenaje a Alfredo Alaría que regresaba exitoso de España. Pero no siempre andaba de “colado”, cuando me incorporé a una empresa yanqui que pagaba muy bien, pude asistir a algunos espectáculos abonando la entrada, como a los teatros de revista, obras de teatro  y algún recital.

 

    Crecía y dispersaba mi adolescencia en la vorágine de esa ciudad que a veces te atrapa, otras te eleva a las crestas de sus olas, y muchas te hunde.  Empecé a sentirme cómodo y a moverme con cierta audacia por esos procelosos laberintos.

 

    Pero Poseidón me reservaba una sorpresa: vino con el sorteo para la “colimba”. Me tocó el número 943 y comprendí que me incorporaría a la Armada. Por fin llegaría al mar y hasta navegaría quizás, en barcos de verdad y no en el impredecible entramado de la noche porteña.

 

                                                                     noviembre de 2009

DE COMO DEVINE EN CONTRAMAESTRE

        

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              En la tripulación de los antiguos barcos, el contramaestre era el encargado de la marinería.

              A mi amigo Gullermo se le ocurrio darme esa denominación, por razones que no explicaré, en épocas en que compartiamos recorridas nocturnas, largas charlas y desveladas quimeras y los plasmó en el poema que trancribo:

 

 

A mi amigo y colega de a bordo, Contramaestre Prof. Gerardo B. Romero

 

TIEMPO

Tengo la rebeldía de un niño

Y a veces, la tristeza acumulada de los años

¡La tristeza de un viejo!

Y entre mis manos tengo

La vida que se escapa con mí tiempo.

Por eso amigo,

He comenzado a arropar recuerdos,

Con más calma, con menos miedos,

Mucho más tierno tengo, el alma inquieta…

De tanto intento, he comenzado también

A preparar la maleta de este cuerpo,

Alguna vez fuerte, ¡tan fuerte!

Que se resistía a la vida

Desafinado la muerte.

Ahora tengo el pensamiento

Sólo de a momentos.

Un tanto quieto,

Por un ser amado,

Por un amigo muerto.

Al fin he comenzado a recalar en las ideas

De otra gente,

Y tengo fuerzas para no creer como ellos,

Pero tengo, un amigo, entonces aun tengo…

Tengo ganas de seguir viviendo.

                                                                Guillermo, 27 de Abril de 1988

 

             

LA RECONDITA SUERTE DE MIS AÑOS

 

 

 

 

La recóndita suerte de mis años 

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         Quizás estaba signada desde mi niñez, cuando a hurtadillas construía unos barquillos de papel con las hojas de algún cuaderno usado, porque era más resistente, y los hacía navegar en la corriente de agua, que en los días de lluvia corria frente a la casa donde nací y pasé mi infancia.

 

        Se trataba de un juego que sólo podía tener lugar en ocasión de las copiosas lluvias del verano.Me fascinaba verlos deslizarse, endebles, casi espamódicamente por la corriente, ora lenta, ora excesivamente rauda para el derrotero de mi barco, siempre cercano a zozobrar.

        Mas tarde empecé a disfrutar con las imágenes de los grandes transatlánticos que se publicitaban en Readers Digest que solía comprar mi hermano mayor. Se trataban de buques de una flota italiana, el Andrea Doria, el Andrea C y otros cuyos nombres no recuerdo.

 

        Durante mi adolescencia en Buenos Aires, solía recorrer las dársenas del puerto porteño, imaginando travesías e historias que nunca llegué a realizar.

 

         Y siempre, los barcos, los barcos..., en sus dársenas, o en los óleos, en las ilustraciones, o absurdamente construidos en botellas, quietos, silenciosos, misteriosos y con su imbatible vocación de levar anclas.

 

 

Géminis Hombre

Si esta noche estuvieras tú conmigo

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